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In The Mixer: Mugu

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By BOD on 14 de enero de 2026 ENTREVISTAS

El DJ vizcaíno MUGU lleva más de dos décadas explorando las profundidades de la música electrónica desde una perspectiva tan técnica como emocional. Fascinado desde los 90 por las máquinas, los samplers y el proceso creativo detrás del sonido, MUGU ha vivido en primera persona la evolución tecnológica y artística de la escena.

Su enfoque, lejos de las modas o los artificios, se centra en la calidez del sonido, la naturalidad de las mezclas y la coherencia narrativa de cada sesión. Fiel defensor del “menos es más”, combina el respeto por la esencia analógica con una curiosidad constante por la innovación digital.

Repasamos sus inicios, su evolución musical y tecnológica, su forma de entender la mezcla y su visión sobre la escena actual. Desde los amaneceres frente al mar hasta los clubs y raves más íntimas, MUGU nos recuerda que mezclar es construir un viaje sonoro donde cada tema respira y cada transición cuenta una historia.

– ¿Cuándo y cómo sentiste la llamada para iniciarte en las mezclas?
A mediados de los 90 estaba completamente obsesionado con la producción de música electrónica: las máquinas, los samplers… me fascinaba entender cómo se creaba aquella música que me llegaba tan dentro. En ese momento mezclar no me atraía demasiado; lo que me interesaba era desentrañar el proceso creativo detrás del sonido. Pero hacia el año 2000, después de varios años inmerso en la producción, empecé a escuchar música simplemente para refrescar los oídos… y ahí surgió la chispa. Sin darme cuenta, comencé a mezclarla, y desde entonces no he parado.

– En el plano musical, ¿cómo has ido evolucionando todos estos años?
Mi evolución ha sido siempre constante. Nunca me he quedado encerrado en un solo estilo; me gusta cualquier música que tenga algo que contar, que me transmita algo. Depende del momento: a veces me apetece un tipo de sonido, y otras, algo completamente distinto. Por eso disfruto tanto haciendo sets largos, donde hay espacio para explorar y mezclar de todo. En los últimos años, más que buscar la música nueva que va saliendo, me he vuelto un poco obsesivo con redescubrir joyas antiguas. Hay una calidad en muchas producciones del pasado que resulta difícil encontrar hoy en día, y eso me inspira muchísimo.

– ¿Y a nivel de tecnología?
Siempre me ha gustado estar al día y entender bien todo lo que va ocurriendo en el ámbito tecnológico. Me interesa conocer cómo funcionan los distintos formatos y de dónde viene realmente la calidad del sonido. Le doy mucha importancia a esos detalles, pero sin cerrarme nunca a ninguna herramienta. Creo que lo importante es comprender las posibilidades de cada sistema y saber adaptarlo a lo que quieres expresar al mezclar.

– Hace años probabas equipos de Native Instruments, si no me equivoco.
Sí, tuve la suerte de estar en el sitio correcto en el momento adecuado. A finales de los 90, o alrededor del año 2000, empecé a utilizar la primera versión de Traktor, cuando Native Instruments todavía estaba centrada exclusivamente en la producción musical. En aquel momento era casi un experimento para ellos, y yo participé activamente en sus foros. Con el tiempo, la marca apostó fuerte por ese proyecto y lanzó Traktor Scratch, un sistema revolucionario que permitía controlar archivos digitales con vinilos. Aquello supuso una auténtica revolución, y yo estuve justo ahí, viviendo ese cambio desde dentro. De hecho, de los diez primeros prototipos que se fabricaron a nivel mundial, uno de ellos me lo enviaron a mí. Desde entonces he colaborado en prácticamente todas las versiones de Traktor, tanto en software como en hardware, testando equipos, recibiendo unidades para probar y aportar feedback. También he participado en otros desarrollos, como algunos sintetizadores y diferentes proyectos relacionados con la tecnología musical.

– En la actualidad, ¿con qué equipo te sientes más cómodo mezclando? ¿Tienes alguna configuración ideal para tu estudio?
En la actualidad, el equipo con el que más cómodo me siento mezclando es con mi mesa Rodec 1800 MK3, una mesa analógica clásica que ofrece un sonido increíble. Me encanta combinarla con tres reproductores CDJ-3000, que me dan toda la flexibilidad del mundo: puedo llevar ahí toda mi colección musical, mis playlists y tenerlo todo perfectamente organizado. Esa mezcla entre la calidez analógica de la Rodec y la versatilidad digital de los CDJ-3000 es, para mí, la combinación perfecta. Me permite disfrutar tanto del tacto y el sonido, como de la comodidad que da la tecnología actual.

– ¿Eres muy meticuloso con la ecualización y efectos o priorizas la selección y el groove?
Soy muy meticuloso con la ecualización, pero sobre todo porque me gusta que sea fluida y suave, sin brusquedades. No me atrae el estilo de DJ que está constantemente mostrando lo que hace o mezclando sin parar. A mí, al contrario, me gusta que puedan sonar tres capas diferentes y que parezcan una sola, que se integren de manera natural y se complementen entre sí. Con los efectos me pasa lo mismo: los utilizo, pero no me gusta que se noten. Si se percibe el efecto, para mí está mal aplicado. Por eso no soy muy amigo de las mesas con efectos integrados; prefiero usar algún pedal de guitarra u otras herramientas externas más sutiles. Y, por supuesto, soy también muy meticuloso con la selección musical: el groove es algo absolutamente indispensable para mí.

“Hay una calidad en muchas producciones del pasado que resulta difícil encontrar hoy en día”

– ¿Cuáles son tus guías a la hora de plantear una sesión?
Lo primero que pienso es dónde y a qué hora voy a poner música. El contexto lo es todo: no es lo mismo un atardecer en la playa que un club cerrado de madrugada. También influye mucho cómo estoy yo en ese momento, con las cosas más recientes o actuales que haya estado descubriendo musicalmente. A partir de ahí preparo una playlist amplia, una especie de mapa sonoro, y luego la voy construyendo en directo, dejándome llevar por el ambiente y por lo que va ocurriendo en la pista.

– ¿Cómo ha evolucionado tu manera de mezclar desde tus inicios hasta ahora?
Mi evolución ha seguido una tendencia muy clara: entender que menos es más. Al principio pecaba de querer hacerlo todo a la vez porque me divertía mezclar tres canciones, añadir ritmos y efectos… pero con el tiempo te das cuenta de que cada tema tiene su propio valor y cuesta mucho producirlo como para no dejarlo respirar. Hoy busco que las mezclas sean más sutiles y naturales, que apenas se note la transición y que no haya una sobrecarga de sonidos. Prefiero la sensación de fluidez total, en la que la música se transforma sin que el oyente perciba el cambio.

– ¿Cómo definirías tu identidad sonora?
Mi identidad sonora es bastante variada, porque me gusta cualquier estilo de música que me transmita algo. No me limito a un género concreto, pero sí es cierto que tengo una influencia clara del house en todas sus vertientes. En mis sesiones siempre busco el groove, ese punto rítmico y envolvente que conecta con la gente y que da coherencia a todo lo que suena.

– ¿Qué géneros te gustan más o encajan mejor para tus sets en estudio y en formato club?
Me muevo principalmente entre el House, el Acid y el Old School, aunque también me atraen mucho el Trance, el Acid Trance y el Acid Techno. Son estilos que comparten una energía común, muy hipnótica y con mucho carácter rítmico, que encajan perfectamente tanto en mis sesiones de estudio como en formato club.

– ¿Qué artistas podríamos decir que te inspiran o influyen a la hora de mezclar?
Últimamente me ha influido mucho escuchar sesiones largas, de más de cinco horas, en SoundCloud, de DJs como Jane Fitz, o Miki, un italiano que lleva pinchando desde finales de los 70. Es un auténtico maestro, domina todos los estilos y tiene una sensibilidad increíble para construir viajes sonoros. Además, forma parte de la generación y del circuito de Francesco Farfa, con quien comparte esa manera elegante, profunda y muy personal de entender la mezcla.

– ¿Cuánto hay de improvisación y de planificación en tus sets?
En mis sets siempre hay un trabajo previo muy importante, sobre todo de escuchar muchísima música. Nunca me gusta repetir una sesión. Normalmente preparo una playlist amplia: por ejemplo, si voy a hacer una sesión de cinco horas, suelo tener una selección de unos 200 temas, que después voy combinando sobre la marcha, en función de la tonalidad, la energía y el momento que se esté viviendo. Así que hay mucha preparación detrás, pero también mucho de improvisación consciente: dejar que el ambiente y la pista guíen el rumbo.

“No me limito a un género concreto, pero sí es cierto que tengo una influencia clara del house en todas sus vertientes. En mis sesiones siempre busco el groove, ese punto rítmico y envolvente que conecta con la gente y que da coherencia a todo lo que suena”

– ¿Cuál es la duración perfecta de un set para ti?
Para mí, el set ideal es un amanecer en plena naturaleza, con tiempo suficiente para desarrollar una sesión sin prisas. Unas cinco o seis horas son perfectas: me permiten ser completamente libre, poner lo que quiera y construir un viaje musical coherente. No es lo mismo que pinchar en un club, donde el horario —por ejemplo, de cuatro a seis de la mañana— condiciona mucho más el tipo de música y la energía.

– ¿Hay alguna sesión inolvidable que recuerdes con especial cariño?
Todas las sesiones que recuerdo con más cariño han sido rodeado de amigos, en fiestas libres y en lugares conectados con la naturaleza. Una especialmente mágica fue en una casa de madera frente a la playa, en La Manga del Mar Menor, llamada Caserío de Levante. Estábamos allí viendo el amanecer, y el entorno, la energía y el momento hicieron que aquella sesión fuera realmente inolvidable.

– ¿Y alguna a la que hayas asistido como público?
La más reciente, y una de las que más me ha impresionado en mucho tiempo, fue en el mítico Hotel Pikes de Ibiza, el pasado septiembre. El set lo hizo Iván Smagghe, y hacía tiempo que no escuchaba una sesión en directo tan buena: el sonido era espectacular, el ambiente increíble y la energía que se respiraba allí hizo que fuera una experiencia muy especial.

– ¿Algún artista al que te encantaría ver en directo y no lo hayas hecho todavía?
A los dos DJs que mencioné antes: Miki, especialmente, y Jane Fitz. Ambos tienen una forma muy personal de construir sesiones largas, con una narrativa y una sensibilidad que me encantaría experimentar en directo.

– ¿En qué club te encantaría ofrecer uno de tus sets?
La verdad es que pinchar en clubes no es lo que más me motiva. Prefiero hacerlo de forma libre y privada, rodeado de amigos, sin condicionantes. Aun así, hay un club en el que no he pinchado y que me parece muy especial, de esos que quedan pocos: el Dabadaba, en San Sebastián. Tiene una energía y una filosofía que encajan mucho con mi manera de entender la música.

– ¿Cómo ves la escena local en la actualidad?
Últimamente he recuperado la esperanza gracias a la gente joven que está creando colectivos nuevos y trayendo aire fresco a la escena. Me motiva ver cómo muchos están volviendo al vinilo, interesándose por los orígenes de esta música y de esta cultura, y organizando fiestas con mucho contenido y buen gusto. Colectivos como Selecta, de Castro, o Suziri, de aquí de Bilbao, están haciendo un trabajo excelente. Y también proyectos como Alternative Division, por la zona de Elgoibar, que están creando propuestas realmente bonitas y con mucho espíritu.

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