Ke Lepo es el proyecto personal del zestoarra Alejo Orbegozo. Tras su etapa al frente del grupo de indie pop Grises, con el que alcanzó una notable repercusión, emprende ahora un nuevo camino sonoro influenciado por artistas como Caribou o Floating Points.
Su primer trabajo bajo este alias, “Izpi”, ha sido editado por el sello Forbidden Colours y supone un debut de electrónica expansiva con matices de ambient. Compuesto sin una idea preconcebida, este álbum nace del ensayo y error, permitiendo que los sintetizadores adquieran vida propia. El resultado es una obra donde lo íntimo y lo sensorial se entrelazan con naturalidad, consolidando a Izpi como una de las propuestas más destacadas de la actual cosecha electrónica del País Vasco.
Tras sus primeras presentaciones, que han dejado un buen sabor de boca tanto en el artista como en el público, conversamos con Ke Lepo sobre el proceso creativo detrás del álbum, los referentes que marcaron su evolución y la decisión consciente de ceder protagonismo a la música por encima de la persona. Una entrevista que revela la esencia de un proyecto tan honesto como arriesgado, y que invita a mirar al futuro de la electrónica hecha aquí con renovadas perspectivas.
– Después de tantos años con Grises, ¿cómo ha sido para ti el salto a un proyecto en solitario como Ke Lepo? ¿Qué diferencias has notado al crear música por tu cuenta, sin una banda detrás?
Después de tantos años girando con Grises y de sacar seis discos, la banda se terminó. Fueron años increíbles de disfrute, aprendizaje y, sobre todo, de ganar mucha experiencia en los escenarios. Cuando todo acabó con Grises, sentí un vacío bastante grande. No te voy a mentir: pasé una bajona. Poco a poco, empecé a producir temas e ideas que tenía grabadas, y a componer nuevas demos, pero sin pensar en publicar nada. Era más un ejercicio, un modo de aprendizaje, y supongo que también una forma de desahogo. Cuando me di cuenta, tenía la carpeta llena de maquetas. Dicho esto, el cambio ha sido natural; no ha cambiado mucho mi forma de hacer las cosas. Antes compartíamos ideas, y era muy guay currar en equipo. Ahora el rollo es otro, más personal, y la forma de terminar de producir las canciones también es distinta. Más que la diferencia entre componer con una banda o en solitario, diría que lo que cambió de verdad fue el estilo musical. Es otra filosofía de trabajo.
– “Izpi” es tu primer álbum largo, editado por Forbidden Colours Diskoetxea. ¿Cuál fue la idea central que te impulsó a dar forma a este trabajo? ¿Cómo viviste el hecho de tomar decisiones estéticas de forma individual?
No había una idea fija al principio; simplemente fui seleccionando los temas que tenía, y así fue tomando forma lo que podría ser un disco. Hice una visita a Aitor Etxeberria, le enseñé las demos y fue él quien me animó a publicarlas. Empecé a producir los temas y, en unos meses, tenía el disco listo. La idea inicial solo era sacar un vinilo, pero la cosa fue creciendo y al final terminé haciendo directos. Las decisiones estéticas del disco las tomé junto a Ane y Laida de XERRA. Son increíbles.
– El título del álbum, Izpi, significa “haz de luz”. ¿Por qué elegiste esa palabra y qué papel juega la luz —o su ausencia— en la narrativa del disco?
Me remonté a los recuerdos de las primeras veces que fui a un club, y me vino a la cabeza la imagen de la sala llena de humo (de ahí el nombre Ke Lepo, que significa “mucho humo”) y el efecto que causan las luces al mezclarse con el humo (de ahí viene Izpi). No sé por qué, pero esa imagen siempre me viene a la cabeza cuando pienso en mi primera experiencia con la electrónica.
– La portada muestra una figura encapuchada, sin rostro visible. ¿Qué querías comunicar visualmente con esta imagen? ¿Tiene que ver con la intención de que la música se perciba como algo etéreo, desligado del ego del autor?
Tenía claro que en el disco no quería que apareciera mi cara. Me molaba la idea de que nadie supiera quién estaba detrás del proyecto. Al principio, ni siquiera tenía fotos de promo. Eso creó un efecto guay porque, de repente, el nombre del proyecto y la portada cobraron mucha más importancia que mi nombre.
Después de enseñarles el disco a Laida y Ane, empezamos a intercambiar ideas y a pensar por dónde podía ir el diseño. Al ver que no quería poner mi rostro, se inventaron el personaje que aparece en la portada. En una escapada que hicieron para escalar, se llevaron la cámara y me mandaron la foto que ahora es la portada. Desde el primer momento en que la vi, me quedé enganchado. Creo que es el mejor diseño que se le podía hacer a este disco. He tenido mucha suerte con ellas.
– En temas como Barru Paxira, Xarma o la propia Izpi, te mueves hacia un sonido más ambiental e introspectivo. ¿Qué papel juegan estos pasajes dentro del álbum? ¿Los concibes como espacios de reposo, transiciones o como el núcleo emocional del disco?
En Barru Paxira, Xarma e Izpi busco crear espacios de respiro y el núcleo emocional del disco, donde las sensaciones y atmósferas mandan. Pueden verse como transiciones porque bajan la intensidad, pero para mí son mucho más que una simple pausa. Son esenciales para darle forma a todo lo que engloba Ke Lepo.
“Creo que es mejor llegar a ciertos circuitos cuando ya tienes algo sólido que enseñar y un directo que funcione de verdad”
– La canción que abre el disco parece definir el carácter general del álbum. ¿Hay alguna otra pieza que consideres especialmente reveladora de tu identidad como Ke Lepo? ¿Por qué?
Por ejemplo, en Kamutza me encanta la textura y la energía del beat, combinadas con una melodía oscura y envolvente. Bare destaca por la sensación melancólica que transmite y el tratamiento de las capas. En Kexpe me flipa la textura única de la melodía principal, creada con un sintetizador modular, y la producción sencilla pero con la energía justa para atraparte, usando muy pocas pistas.
– Félix Buff, conocido por su trabajo con Rüdiger y Willis Drummond, viene de un mundo más próximo al rock. ¿Cómo fue integrar su energía y estilo en una propuesta electrónica como la tuya?
Desde que empecé la gira he tenido la suerte de compartir escenario con Jokin Guridi (artista visual) y Félix Buff. Félix es un músico talentoso y un compositor muy inquieto. Le encanta la electrónica y tenemos un gusto musical bastante parecido. Desde el primer momento nos entendimos muy bien. Conocía las canciones a fondo, así que fue muy fácil trabajar con él. Le conté cómo me imaginaba integrar una batería en el directo; empezamos a producir los temas de nuevo —las mismas canciones, pero con otros ritmos— y, después de cuatro o cinco ensayos, ya teníamos el directo listo.
– Muchos artistas de electrónica de dormitorio hablan de un vínculo casi físico con los sintetizadores o las texturas sonoras. ¿Tú cómo te relacionas con tus instrumentos? ¿Hay alguno que consideres esencial en tu flujo creativo?
Cuesta encontrar un instrumento o una paleta de sonidos con los que realmente puedas plasmar tus ideas. Yo vengo de un mundo más clásico: los primeros instrumentos que aprendí fueron el piano y el clarinete, y creo que el vínculo con un instrumento acústico es más inmediato. En mi caso, ha sido un proceso de varios años hasta encontrar los sintes con los que me siento cómodo para expresarme. Mucha compra-venta, muchas horas de grabación. El sinte que más uso en el estudio es el Roland Juno 106. Con él he grabado el 70 % del disco.
– ¿Tu entorno natural, como Zestoa, influye de alguna manera en tu música? ¿Crees que quien ha crecido rodeado de monte y silencio compone de forma distinta?
Necesito estar en un sitio tranquilo y sin distracciones para componer. Nunca he vivido en una ciudad grande, y la verdad, no sé si podría crear en ese tipo de entorno. Supongo que el lugar en el que vives te va moldeando, y eso se acaba notando también en la música que haces.
“Para mí, experimentar en directo es clave para crecer como artista”
– ¿Qué oportunidades y también qué limitaciones has encontrado al desarrollar un proyecto como Ke Lepo fuera del circuito de las grandes ciudades?
He podido tocar muchos conciertos con este disco, y no sé si eso habría pasado viviendo en una gran ciudad. Para mí, experimentar en directo es clave para crecer como artista. Creo que es mejor llegar a ciertos circuitos cuando ya tienes algo sólido que enseñar y un directo que funcione de verdad. Poco a poco, siento que me estoy acercando al punto en el que quiero estar. Todo llega a su tiempo.
– En tu proceso creativo, ¿prefieres partir de una idea clara y conceptual o dejas que la música te lleve por caminos inesperados a través del ensayo y error?
Normalmente comienzo con una idea o una melodía, puede ser en el piano o improvisando con un sintetizador. Pero suelo dejar que la música y el proceso de creación me sorprendan y tomen su propio rumbo. Muchas veces, lo que acabo produciendo ni se parece a la idea con la que empecé. De hecho, muchas veces la pieza final es algo muy distinto a la idea original, porque el ensayo y error me ayuda a descubrir nuevas texturas y sonidos frescos. En ese proceso, los sintes a veces parecen tomar el control, generando sonidos y combinaciones que ni yo esperaba, como si tuvieran vida propia. Llámame loco, pero los siento así.
– ¿Cómo manejas la abstracción en tu música? ¿Te interesa que el oyente entienda lo que tú querías transmitir o prefieres que cada uno construya su propia lectura?
No busco que el oyente entienda exactamente lo que quiero transmitir. Para mí, lo importante es que cada persona conecte de manera personal con la música que hago y la interprete a su manera. Me gusta que mi música sea un espacio abierto, sin una sola forma de entenderla. Me gusta mucho escuchar percepciones nuevas.
– ¿Hay artistas, discos o referencias visuales que te acompañaron durante la creación de Izpi y que sientas que dejaron huella en el resultado final?
Por supuesto, todos los músicos cargamos con nuestras influencias. Cuando empecé con las demos, fue puro ensayo y error, jugando con la música sin preocuparme por estilos o etiquetas. Después, cuando fui seleccionando los temas, me di cuenta de que había texturas que se podían parecer a cosas de artistas que estaba escuchando, como Caterina Barbieri, Floating Points o Nathan Fake. A veces pasa porque usamos técnicas parecidas para crear o incluso los mismos sintes.
– ¿Cómo ha sido la recepción del público en los primeros conciertos de esta nueva etapa en directo? ¿Te ha sorprendido alguna reacción en particular?
Ha sido una pasada. Si soy sincero, no esperaba tocar tantos conciertos ni recibir tan buena respuesta. Tengo que decir que la ayuda que estoy teniendo por parte de Sebastián Sallaberry está siendo indispensable. ¡Gracias a Dabadaba Agency! Todo esto, al final, me da un montón de energía para seguir creando. De hecho, ya he empezado a grabar nuevas demos y la idea es sacar un disco nuevo el año que viene.
Entrevista de Oswald Tanco

